martes, 10 de noviembre de 2015

Azulejos

Lengua de trapo. 

Silbas. Y no me giro porque sin mirarte
te estoy viendo arquear las cejas
con ese síntoma de dolor de estómago
tan tuyo
que pones cuando quieres conseguir algo
o cuando te llega una factura a casa.


Casa: significa 20 paredes, 6 puertas y un techo.

12 de las 20 paredes (si se acepta que los pasillos computen)
siguen de color blanco 
porque tuvimos miedo a fracasar con la brocha 

aceptamos la monocromía
como se suele aceptar todo aquello que no se quiere: cobardemente. 

1 de las 6 puertas apenas cierra bien 
y coincide con la del baño
pero no pasa nada
porque dicen que los amantes no son pudorosos entre sí
dicen
como si la intimidad valiese menos que un cerrojo 
como si el pudor no tuviese también condición extracorpórea
como si los amantes no afilasen los dientes.

De lo que estoy más orgullosa es de haber salvado nuestro techo 
de las goteras del invierno del 2011
de la fortaleza para arreglar algo juntos
de arreglar algo
de arreglar juntos 
aprendiendo que se podía
antes de que el verano de 2013 
nos mostrase que no queríamos ya;
más.




sábado, 10 de octubre de 2015

In memoriam

Escoito á miña avoa describirme minuciosamente o número de xoias que tiña a señora Maruja. 
Morreu hai tres semanas. Enteréime onte, ao chegar. 

O reconto dos materiais e cores das alfaias da finada sucedeuse xa un par de veces dende entón. 
Atendo paciente ao listado que me fai a miña avoa. Con ilusión e nostalxia saca dunha caixiña envolta en pano branco uns pendentes de ouro e pedra “rosa da Francia” que nunca antes me ensinara. Que nunca usou nin usará. Uns pendentes que a Maruja lle regalara hai anos, cando aínda nos abría a porta.

Penso na soidade que a veciña buscaba nestes últimos tempos. Na introspección de quen non quere compartir nada con ninguén. No  repregamento do corpo sobre o sofá. No monólogo do televisor, acendido todo o día. 

A apatía das estacións. Hai xente que non precisa de apertas cando fóra está a chover.

Decátome de que as mozas xa apenas levan ouro. Segundo parece, os metais preciosos tamén sofren a arbitrariedade das convencións sociais, o cambio das asociacións exterior-interior. Ao ouro tamén lle afecta a historia.


Penso logo no detallado que falan as avoas. No baixiño e longo que falan, nos xestos da cara e o movemento continuo das mans. Na escenificación e a importancia do pequeno. Na paciencia da recreación e a necesidade da memoria. 

lunes, 23 de marzo de 2015

Arrugas

Rompí los espejos
sin cortarme
sin sangrar

más de lo que sangré
por la causa de su ruptura:
la precisión quirúrgica
de los horrores y de las dulzuras
que componen los ritos
de la muerte y de la vida
atravesándome las entrañas.

Rompí los espejos
para poder verme descompuesto el rostro
sin reírme
sin llorar

más de lo que lloré
este mediodía
cuando comprendí que todo esto
va de arrugas

las de los niños al nacer
y las de las manos de mi abuelo (también en el hospital)

y ahora me veo pensando colérica
que quiero más espejos
que necesito romper más espejos

por todas las humedades de las piedras que no florecen
por los grises de las fábricas en escala no cromática
por la importancia que se le da a la semántica aunque sea arbitraria
por la soledad de los que fuman a las puertas de los hospitales
por la mala comida que se da en esos hospitales
por los niños que odian la filosofía
por los profesores que hacen que los niños odien la filosofía
por las palabras hipócritas y los gestos aberrantes
por la gente que habla a gritos
por los pequeños que escuchan esos gritos
por los mayores que no tienen quien les escuche
por los hemisferios
por las banderas, por el odio que engendran las banderas,
por las bandas de gente con corbata que roban a manos desarmadas
por las cremas anticelulíticas y la gente que se tapa las estrías
y por las cremas antiarrugas
sobre todo por las cremas antiarrugas

porque entonces habré llorado en balde
al comprender que todo esto 
en el fondo
sólo va de arrugas.

viernes, 27 de febrero de 2015

Os insomnes

Non foron suficientes as horas sen durmir
para adiviñar o matiz do sol primeiro na herba.

Os insomnes, ademais de durmir pouco, senten raro.
Senten a destempo, cando os outros dormen.
Ata que xa non saben se senten ou soamentes teñen sono.

Algo de raro  si ha de ter querer cambiar o mundo de noite.
Que clase de revolución é a que se fai mentras a xente durme?

Algún insomnes, coma min, ademais de durmir pouco, son caóticos.
Eu escribo para intentar ordenarme.
Ou para que me entre o sono, ou para ambas.

Quizais escribo para. Para alguén. Para outros insomnes.
Para os pesadelos. Ou para paralos.

Por que escribo non me importa.
Os porqués non se escriben, chóranse.

As horas sen durmir seguen a ser poucas
para deixar de vivir verdades que non existen de día.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Vivir lonxe

We run away, but we don’t know why.


A hora da fuxida non segue a lóxica do tempo,
se é que algunha vez este se guiou por algún sentido

común

iso somos, notas repetidas dunha melodía discordante
dependente das caixas torácicas de cada quen.


Non coñezo pautas para o baleiro.


Por coñecer, diría que só sei o meu nome,
e tan siquera ese foi un proceso participativo.


Mais lembro a ferida, tan ben, que sinto a costra
incluso antes do impacto.

O meu corpo queda, como queda o meu nome,
pero hai tempo que me expandín fóra das costuras.

Para atopar remendos
habería que volver á carne,
á consciencia de como era o tempo
antes da primeira fuxida

tan lonxe, tan afastada do sentido das horas
como o está do sentidos dos nomes,
da individualidade da que dotamos a pel,

a pel

esa que tamén se repite,
recubrindo milleiros de caixas torácicas no fondo iguais, 
como universais foron sempre as pantasmas.

domingo, 22 de febrero de 2015

Castañas asadas.

Es tarde y me apresuro
porque febrero pronto dejará de serlo.

Al ordenador le cuesta respirar.
(Mientras adolece un cigarro en mi mano -pienso-)

A mi abuelo le gustaba salir en bicicleta a por agua.
(“A auga de Cabreiroá, que ben va”)

Las imágenes pasadas se confunden con las futuras
como heridas latentes preparadas para reventarlo todo.
(Otra vez)

Así me fundo con la noche
y me dejo arropar por el silencio.
Porque el tiempo siempre fue eso.

Un silencio.

Una fiesta.

lunes, 26 de enero de 2015

Cuando duermen.

Construí mi casa
con portazos.
También ausencias.
                                                 
Sus ecos se desparraman volátiles
en ondas concéntricas
que acaban mojando las sábanas.

De noches frías y mañanas raras
parece revestirse la jaula.

Café con lluvia
tras el cristal
donde se refleja un yo
que se apuñala.
A cada sorbo.

No he pedido ser salvada
pero sigo queriendo tu absolución.

domingo, 25 de enero de 2015

Reformada.

Yo no podía advertir la tragedia
de la humanidad corrompida,
el blanco roto,
los disparos a ciegas,
las noches bailándole a la botella.

Habría sido como aceptar la derrota
antes de empezar siquiera la partida.

Tampoco entendí nunca
por qué se me reñía
por romperme las medias.
Pero dejé de jugar.
Perpleja.
Por mucho tiempo.

La mujer que soy ahora
se rasga la camisa ante el espejo
y olvida desmaquillarse.
A veces también llora cuando duda
si ha querido gustar a los demás
o más a ella.
Porque se contradice más de lo que piensa
y equivocándose aprende a proclamarse histérica,
diferente,
acomplejada,
pero ya no más observadora.

La inocencia se ahogó a sí misma
el día en que los niños empezaron
a juzgarse con palabras de adultos.
Y qué absurdo, pero ahora que soy mayor
busco definirme con sus maneras.
Se respira tanta tensión
cada vez que se pronuncia fracaso
que alguien debería empezar a asesinar palabras.

He vuelto a abrir heridas
por miedo a olvidar cómo se curan.

Al primero que dispare, prometo sangrarle para siempre.

lunes, 19 de enero de 2015

Todo hace crac.

Desorientarse.
Romperse en mil trozos.
Unir los fragmentos.
Y que no encajen.
El mayor sinsentido
siempre fue buscarle uno.
Sólo somos mientras estamos.
A veces ni eso.

Pero seguimos,
y es fascinante la vorágine.

Hay un lienzo donde miles
de manos quieren expresarse,
llenándolo todo de ruido
para que nadie se atreva
a recoger los escombros.
Porque ésos también son nuestros.

Tantos disparos silenciosos
que la libertad está en entredicho.
Tanta lluvia y tanto sol
que es imposible que no duela.

Y como siempre, quienes nos enseñaron
que nunca es demasiado tarde
son los que más miran el reloj.

martes, 30 de diciembre de 2014

Diciembre siempre será el mes de los propósitos.

Ha llegado el momento
me digo una y otra vez
algo así como para alargarlo,
debe de ser,
sabedora de que el instante
en el que de verdad llegue
significará que tú te habrás ido.

Y yo me quedaré
(para darte la espalda).

Ha llegado el momento
retumba con rabia en mis sienes
se me escapa del pecho ardiendo
y me desabriga las costillas
-como cuando aprendí que aquí hemos venido
a volar y eso sólo se hace desde el suelo-
Y nunca llega
(de momento)

Un huracán de premisas
en el lugar donde antes
dormían las promesas
ha arrasado todo el vergel
que una vez creciera
despertado a la fiera
y acunado a la niña
interior o exterior,
no lo sé ni me importa,
pero con cara de poema
y poemas sin rostro,
pero con voz de ultratumba
y cementerios en los que ni las flores
se atreven a hablar
rodeando todos los álbumes de fotos
donde las bocas otrora sonrientes
ahora parecen señalar
el punto inacabado
los ojos apagados
a la luz de las dudas
el segundo preciso
en el que saber
cuándo ha llegado el momento.


Como si alguien fuera a entenderlo.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Uno por casi cuatro.

Una hora cálida
el sueño de los que viven
y la muerte de quienes sueñan
una brisa familiar
en un aire enrarecido
un yo que se apuñala
y un tú que resucita.

¿Cuántas veces falleceré
mientras siga respirando?

Echaba de menos escribir
para desordenarme
buscarte en los cajones
y acabar encontrando
el mismo maldito reloj.

Una cruz gris
un cementerio violeta
y montañas de flores vivas
para gente muerta.

Son las ocho menos diez
y calculo otros seiscientos segundos banales
hasta convertir la circunstancia en causa
la causa en acción
la acción en conmoción
y el daño…


El daño siempre en miedo.

sábado, 26 de julio de 2014

Te juro que esto es verdad y tú mentira.


Me he quemado la mano
con un cigarro
y la costra que me ha salido
tiene forma de corazón.

No es broma, pero hasta la piel se ríe de mí.

Préstame las escamas un rato,
ésas que te salieron
de tanto tocarnos en el naufragio
como si la catástrofe fuera casa
y la calma auténtica tragedia.

Resulta precioso
ver que de entre las ruinas
salen cosas horribles
y aún así decidimos
hipotecar nuestros corazones
hasta dejarlos arruinados.

El miedo tiene dos direcciones,
la que va desde mis dedos
hacia tu almohada
y la que viene decidida a cortármelos.
Y aquí sólo hay espacio para un cuerpo.

Como no te pongas encima no sé cómo vamos a caber.


martes, 22 de julio de 2014

Algunas cosas acaban así cuando se acaban

Hubo una emergencia
de sonrisas en la ciudad,
se congelaron los portales
y las estaciones se colapsaron.

Santiago ha perdido
todo lo bueno que le quedaba,
porque ya no estás.

El cartero aún trae facturas a tu nombre,
las envuelvo en papel celofán
y le doy postales
para que nunca te encuentre.
Descubrimos que hay ausencias
que queman más que las mentiras
y que cien que te jodan
pueden doler menos que un sólo quizás

Escaleras podridas
al tejado por el que
nunca debimos terminar,
accidentes que dejaron
incidencias en el salón
y partes en la cocina.

Hubo noches de luto entre los vecinos
que se contagiaron
de la toxicidad de mi dióxido
en el ascensor,
días de ventanas abiertas
y puertas cerradas,
reflexiones ahogadas en hielo
y cervezas sin espuma.

La amenaza de una tormenta,
la ciudad que se lamenta,
los animales aullando
y las flores creciendo
fuera del tiesto,
la locura de una caída libre
sin libertad para frenar,
la experiencia consumada
y el amor consumido.

Hubo una casa que se quedó en ruinas,
un altar en la cama,
una sinrazón en el sofá
y una derrota en cada esquina.

El deseo de la desmemoria,
la cruz sobre los hombros
y un reserva sin descorchar.

Un final sin puntos
aparte;

de mi coma emocional.

domingo, 20 de julio de 2014

Si habláis del amor

Si habláis del amor
tendréis que hacerlo
pensando en ella,
que abarca todo
cada vez que desembarca
en mi cama
y decide quedarse
a dormir un rato
y dejarme a mí despierta
toda una eternidad
mirando su espalda.
Si os atrevéis a hablar de amor
será sólo poniéndole
su voz a todos los despertadores
y subiéndole el volumen
a los acordes de sus pies fríos
entre las sábanas;
bañándoos en el río
que sale de su boca
cada vez que su risa
deshiela la escarcha
de todos los que un día
estuvieron tristes
y se arranca
a bailar desnuda
como si nadie
estuviera mirándola
pero todos hiciesen cola para verla.
La ciudad cortando su tráfico
y las farolas
señalando las grietas del asfalto
que ella provocó
con alguno de los disparos
que lanza la artillería
de sus dientes blancos
cada vez que se muerde el labio
y te invita a soñar
que hay momentos
que valen la pena
porque ella las quita todas.
Si creéis en el amor
será que ya os habéis cruzado
con sus caderas
y habréis visto cómo su pelo
corta el aire
y él le suplica que no pare,
que ojalá todas las heridas
llevaran el sello
de sus arañazos
y las calles se rotulasen
con el color
de su barra de labios.
Si habláis del amor
ya sabréis
cómo se estremece
cuando tiene una pesadilla
y la cara que pone
cuando le entra el hambre
pero no le apetece hacer de comer,
la perfección
de sus mejillas al sonrojarse
y el mapa de sus continentes
haciéndole competencia
a cualquier atlas.
El olor de su piel
en la primavera
y las curvas
de su ombligo
en medio de la carretera
que sube al cielo
de su boca
y termina con ella
susurrándote un buenas noches
y tú sintiendo
que ya te puedes morir tranquila
si es haciéndolo a su lado.
No me creo que alguien
pueda hablar de amor
si no ha oído cómo ella
pronuncia esa palabra,
si no la ha visto a
oscuras en la habitación
iluminándolo todo
con el milagro de su existencia
o ha sentido sus yemas
correteando por las piernas
y ha entendido entonces
que era para eso para lo que servían
desde un principio,
y no para caminar.
Poesía puede que sea otra,
pero el amor es ella.

sábado, 19 de julio de 2014

Llueve.

En los lugares
desconocidos
donde no soy
nadie,
nadie
puede saber
que mi nombre
no es Penélope,
ni que mi color
favorito es
el violeta,
ni que odio
el limón.

Dispárame rápido
que llevo tiempo
muriendo lento.

Puede ser
que un día
nos crucemos
y te sonría.

Labios cereza,
corazón carbón.

Si no sabes
lo que es fingir
es que nunca
se te ha partido
el pecho de dolor
la camisa de rabia
y la cara de vergüenza.

Llórame fuerte
que todo el mundo
sepa lo que es
ver avecinarse
una tormenta de piedras.

jueves, 26 de junio de 2014

Esa llamada.

Imagina que estás en un funeral
y hay mucha gente con traje
que está muy seria
y en el medio una niña
mascando chicle.

Imagina que llueve cenizas
con forma de piruleta
y que hay pájaros negros
que las atrapan al vuelo.
Y se las comen.
Y se atragantan.
Y no se mueren.

Imagina ahora que tú y yo
sí morimos
y que los pájaros nos miran
muy formales
que la gente muy seria del traje
se parte de risa
y que la niña nos envuelve
con su chicle el cuerpo,
como para protegernos,
de los pájaros o de las piruletas
que siguen cayendo,
que sé yo.

Imagina que abres un ojo
y le dices que gracias,
pero que mejor te cubra
el alma
que lo necesita más.
Y tú a ella también.

Imagina que la niña te entiende
y asiente con la cabeza,
pero mirándote con ojos
de quien no puede hacer nada.
A fin de cuentas sólo
es una niña
mascando chicle.

Imagina su cara,
¿te haces una idea?
Es la misma que puse
yo esta mañana
al descolgar
el teléfono
y escuchar que
Amor
había muerto.

miércoles, 25 de junio de 2014

Eres una náusea después de comer

Podría hablarte de mí,
del tiempo,
del que hace
y del que te pienso,
podría hablarte de mis manos
y de que ahora sólo escriben,
de que es por eso que 
se sienten extrañas
cuando me toco
y más aún cuando me corro.

Podría hablarte del mar,
de sus olas lácteas
y sus algas pétreas,
pero eso es lo único que sigue igual
y no creo que vaya a interesarte.

Así que podría hablarte,
y podría hacerlo fuerte
y luego suave,
rápido y después lento,
justo como tú me lo hacías;
hablarte de los lados de la cama,
de que hay uno que me sobra
y que me recuerda que faltas,
podría hablarte del sofá,
de las películas que me cuentan cosas
sobre otros que no son tú,
pero que podrían serlo,
de las canciones que odio
porque hablan de mí,
que no soy yo.

Podría hablarte de los silencios,
de los truenos,
de las fiestas sin ti
y las copas con otros,
de lo duro de mis resacas
sin tus cafés por la mañana,
de mí bebiendo de tu boca
y tú viviendo conmigo.

Podría hablarte de nuestra casa,
de que estoy buscando piso,
podría hablarte de que me dueles
en las habitaciones que dejaste vacías
y que, sin embargo,
juraría oler tu sombra
cada vez que atravieso el pasillo.

Podría hablarte de las fotos
que guardé en el trastero,
de las que no llegué a guardar
porque las rompí antes
y de cómo me arrepentí
un segundo más tarde,
como tarde fue lamentarse
de que había sido
demasiado temprano
para perderte.

De cómo me perdí yo también
y de que aún estoy tanteando una vía
por la que hidratarme las venas
tras tu incendio;
de que también busco el camino
y que camino en latín se parece a vida
y que por algo será.

Podría hablarte del dióxido,
de las velas,
de las reliquias,
tus plantas carnívoras
y de mi paz exterior.

Podría…
pero resulta que lo único que quiero,

es que alguna vez le hables de mí.

domingo, 22 de junio de 2014

Ya es verano

Hoy abrí la ventana y hacía tiempo
de subjuntivo de futuro
y nubes de algodón de azúcar.

Hay una mujer en cada niña
que explota un globo
y una niña en cada mujer
que fuma de la boca del metro
y esto lo desaprendí ayer,
cuando me di cuenta de que madurez
son los bailes de salón
que abren bodas y cierran ataúdes.

Aún tienes mi permiso para bailar sobre tu tumba.

Hay una ciudad subterránea
en cada margarita
y un campo de tulipanes
entre los dientes de las ratas
que viven en tus alcantarillas.

¿De qué me sirve esperarte si en el fondo me desesperas?

Ilusión es sólo una calle
que hace esquina con esperanza
y a veces desemboca en fracaso,
a veces en el lunar del lienzo de tu espalda.

Anoche me perdí en su intersección
y llamé a un taxi para que me llevase a casa,
olvidé el número de tu habitación
y acabé bailando en la cocina.


Te he hecho café y fuera aún huele a tu té verde

sábado, 21 de junio de 2014

Costumbres

Sigo poniéndome las medias torcidas y enderezando los cuadros ajenos. Media vida fracasando en eso de aprender a colocármelas rectas y dejarlos descolgados, en cuidar más lo mío y menos lo de los demás. A fin de cuentas,nadie viene a mi casa a poner(me) (mis) cuadros en su sitio.

Siento que no tengo remedio y ando rebuscando soluciones dentro de una caja torácica, la mía, a veces la tuya, para problemas que no tengo muy claro aún cuáles son.

Así no se llega a ningún sitio.

Por eso sólo quiero bajarle el volumen a los latidos y a los pensamientos que resuenan de nuevo en otra caja, esta vez de Pandora, conectada sin duda con la torácica de alguna manera que se me escapa. Como casi todo. Entre los dedos.

Somos intensidades variables y frecuencias de colores, y de luces, y de sombras. Todo en uno y uno en cada, simultáneos y dispersos, etéreos y dolorosamente pesados.

Y ahora pienso en lápidas porque siempre se me vienen a la cabeza cuando uso ese adjetivo y recreo cómo es el tener todo el peso del universo encima de unos hombros.
Entonces me recuerdo a mí misma entre nebulosas como una hormiga intentando llevar elsignificado de las cosas a sus espaldas sin que se rompan y me quede postrada en una cama para el resto de mis días.

Por fin entiendo por qué la hormiga es el animal más fuerte.

Así que sonrío, aunque tú dirías que más bien es una mueca. Perdona si me voy por las ramas, pero aún no alcanzo a entender por qué la gente valora más una bonita sonrisa que una mueca sincera. Has de saber que yo soy del segundo tipo y que también temo a los bichos y me asusta muchísimo todo lo que vive debajo del mar. 

Sólo hace un tiempo he llegado a la conclusión de que es porque le tengo miedo a lo desconocido.

A lo que no puedo controlar porque no sé cómo es. Y cuando no sabes cómo es algo, tampoco controlas por dónde va a venir.
O cómo va a irse.
O cómo te quedarás
                           tú.