jueves, 26 de junio de 2014

Esa llamada.

Imagina que estás en un funeral
y hay mucha gente con traje
que está muy seria
y en el medio una niña
mascando chicle.

Imagina que llueve cenizas
con forma de piruleta
y que hay pájaros negros
que las atrapan al vuelo.
Y se las comen.
Y se atragantan.
Y no se mueren.

Imagina ahora que tú y yo
sí morimos
y que los pájaros nos miran
muy formales
que la gente muy seria del traje
se parte de risa
y que la niña nos envuelve
con su chicle el cuerpo,
como para protegernos,
de los pájaros o de las piruletas
que siguen cayendo,
que sé yo.

Imagina que abres un ojo
y le dices que gracias,
pero que mejor te cubra
el alma
que lo necesita más.
Y tú a ella también.

Imagina que la niña te entiende
y asiente con la cabeza,
pero mirándote con ojos
de quien no puede hacer nada.
A fin de cuentas sólo
es una niña
mascando chicle.

Imagina su cara,
¿te haces una idea?
Es la misma que puse
yo esta mañana
al descolgar
el teléfono
y escuchar que
Amor
había muerto.

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