lunes, 26 de enero de 2015

Cuando duermen.

Construí mi casa
con portazos.
También ausencias.
                                                 
Sus ecos se desparraman volátiles
en ondas concéntricas
que acaban mojando las sábanas.

De noches frías y mañanas raras
parece revestirse la jaula.

Café con lluvia
tras el cristal
donde se refleja un yo
que se apuñala.
A cada sorbo.

No he pedido ser salvada
pero sigo queriendo tu absolución.

domingo, 25 de enero de 2015

Reformada.

Yo no podía advertir la tragedia
de la humanidad corrompida,
el blanco roto,
los disparos a ciegas,
las noches bailándole a la botella.

Habría sido como aceptar la derrota
antes de empezar siquiera la partida.

Tampoco entendí nunca
por qué se me reñía
por romperme las medias.
Pero dejé de jugar.
Perpleja.
Por mucho tiempo.

La mujer que soy ahora
se rasga la camisa ante el espejo
y olvida desmaquillarse.
A veces también llora cuando duda
si ha querido gustar a los demás
o más a ella.
Porque se contradice más de lo que piensa
y equivocándose aprende a proclamarse histérica,
diferente,
acomplejada,
pero ya no más observadora.

La inocencia se ahogó a sí misma
el día en que los niños empezaron
a juzgarse con palabras de adultos.
Y qué absurdo, pero ahora que soy mayor
busco definirme con sus maneras.
Se respira tanta tensión
cada vez que se pronuncia fracaso
que alguien debería empezar a asesinar palabras.

He vuelto a abrir heridas
por miedo a olvidar cómo se curan.

Al primero que dispare, prometo sangrarle para siempre.

lunes, 19 de enero de 2015

Todo hace crac.

Desorientarse.
Romperse en mil trozos.
Unir los fragmentos.
Y que no encajen.
El mayor sinsentido
siempre fue buscarle uno.
Sólo somos mientras estamos.
A veces ni eso.

Pero seguimos,
y es fascinante la vorágine.

Hay un lienzo donde miles
de manos quieren expresarse,
llenándolo todo de ruido
para que nadie se atreva
a recoger los escombros.
Porque ésos también son nuestros.

Tantos disparos silenciosos
que la libertad está en entredicho.
Tanta lluvia y tanto sol
que es imposible que no duela.

Y como siempre, quienes nos enseñaron
que nunca es demasiado tarde
son los que más miran el reloj.