martes, 22 de julio de 2014

Algunas cosas acaban así cuando se acaban

Hubo una emergencia
de sonrisas en la ciudad,
se congelaron los portales
y las estaciones se colapsaron.

Santiago ha perdido
todo lo bueno que le quedaba,
porque ya no estás.

El cartero aún trae facturas a tu nombre,
las envuelvo en papel celofán
y le doy postales
para que nunca te encuentre.
Descubrimos que hay ausencias
que queman más que las mentiras
y que cien que te jodan
pueden doler menos que un sólo quizás

Escaleras podridas
al tejado por el que
nunca debimos terminar,
accidentes que dejaron
incidencias en el salón
y partes en la cocina.

Hubo noches de luto entre los vecinos
que se contagiaron
de la toxicidad de mi dióxido
en el ascensor,
días de ventanas abiertas
y puertas cerradas,
reflexiones ahogadas en hielo
y cervezas sin espuma.

La amenaza de una tormenta,
la ciudad que se lamenta,
los animales aullando
y las flores creciendo
fuera del tiesto,
la locura de una caída libre
sin libertad para frenar,
la experiencia consumada
y el amor consumido.

Hubo una casa que se quedó en ruinas,
un altar en la cama,
una sinrazón en el sofá
y una derrota en cada esquina.

El deseo de la desmemoria,
la cruz sobre los hombros
y un reserva sin descorchar.

Un final sin puntos
aparte;

de mi coma emocional.

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