Hubo una emergencia
de sonrisas en la ciudad,
se congelaron los portales
y las estaciones se colapsaron.
Santiago ha perdido
todo lo bueno que le quedaba,
porque ya no estás.
El cartero aún trae facturas a tu nombre,
las envuelvo en papel celofán
y le doy postales
para que nunca te encuentre.
Descubrimos que hay ausencias
que queman más que las mentiras
y que cien que te jodan
pueden doler menos que un sólo quizás
Escaleras podridas
al tejado por el que
nunca debimos terminar,
accidentes que dejaron
incidencias en el salón
y partes en la cocina.
Hubo noches de luto entre los vecinos
que se contagiaron
de la toxicidad de mi dióxido
en el ascensor,
días de ventanas abiertas
y puertas cerradas,
reflexiones ahogadas en hielo
y cervezas sin espuma.
La amenaza de una tormenta,
la ciudad que se lamenta,
los animales aullando
y las flores creciendo
fuera del tiesto,
la locura de una caída libre
sin libertad para frenar,
la experiencia consumada
y el amor consumido.
Hubo una casa que se quedó en ruinas,
un altar en la cama,
una sinrazón en el sofá
y una derrota en cada esquina.
El deseo de la desmemoria,
la cruz sobre los hombros
y un reserva sin descorchar.
Un final sin puntos
aparte;
de mi coma emocional.
No hay comentarios:
Publicar un comentario