Ha llegado el
momento
me digo una y
otra vez
algo así como
para alargarlo,
debe de ser,
sabedora de que el
instante
en el que de
verdad llegue
significará que
tú te habrás ido.
Y yo me quedaré
(para darte la
espalda).
Ha llegado el
momento
retumba con
rabia en mis sienes
se me escapa del
pecho ardiendo
y me desabriga
las costillas
-como cuando
aprendí que aquí hemos venido
a volar y eso sólo
se hace desde el suelo-
Y nunca llega
(de momento)
Un huracán de
premisas
en el lugar
donde antes
dormían las
promesas
ha arrasado todo
el vergel
que una vez
creciera
despertado a la
fiera
y acunado a la
niña
interior o
exterior,
no lo sé ni me
importa,
pero con cara de
poema
y poemas sin
rostro,
pero con voz de
ultratumba
y cementerios en
los que ni las flores
se atreven a
hablar
rodeando todos
los álbumes de fotos
donde las bocas
otrora sonrientes
ahora parecen
señalar
el punto
inacabado
los ojos
apagados
a la luz de las
dudas
el segundo
preciso
en el que saber
cuándo ha
llegado el momento.
Como si alguien
fuera a entenderlo.