Qué
bonito eres cuando tus ojos sonríen y me enseñan el huequito que hay entre tus
dientes. Cómo pueden sentarte tan bien todos los colores y todas las
estaciones, todos los suelos y todos los escenarios. Como si ellos te
perteneciesen a ti y no al revés. Qué maravilla que te confundas con el mar que
dejas a tus espaldas y que también te está echando de menos y yo, yo ya no puedo
dejar de verte aun cuando a ratos ni te piense. Qué luz desprende tu risa
cuando llega hasta mí por detrás y sube por mis muslos y mi cadera hasta
colarse en mi boca que siempre está entreabierta, esperándote. Me ilumina tanto
que a veces pienso que jamás necesitaré pagar una factura de luz más en mi vida
porque amor, tengo el sol dentro de mí. El jodido sol. ¿Tú sabes lo que es eso?
Yo no lo había sabido hasta ahora y creo que jamás volveré a saberlo igual, que
nadie podrá enseñarme a llorar por los poros de mi piel y a estremecerme en mis
ojos como lo hiciste tú.
Qué
bonito eres en todas las lenguas de todos los países de todos los continentes
de tu cuerpo. Qué bonito eres…aunque ya no seamos.
Laura C. Plaza
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