Es tarde y me apresuro
porque
febrero pronto dejará de serlo.
Al
ordenador le cuesta respirar.
(Mientras
adolece un cigarro en mi mano -pienso-)
A mi
abuelo le gustaba salir en bicicleta a por agua.
(“A
auga de Cabreiroá, que ben va”)
Las imágenes
pasadas se confunden con las futuras
como
heridas latentes preparadas para reventarlo todo.
(Otra
vez)
Así me
fundo con la noche
y me
dejo arropar por el silencio.
Porque
el tiempo siempre fue eso.
Un
silencio.
Una
fiesta.
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