Me he quemado la mano
con un cigarro
y la costra que me ha salido
tiene forma de corazón.
No es broma, pero hasta la piel se ríe de
mí.
Préstame las escamas un rato,
ésas que te salieron
de tanto tocarnos en el naufragio
como si la catástrofe fuera casa
y la calma auténtica tragedia.
Resulta precioso
ver que de entre las ruinas
salen cosas horribles
y aún así decidimos
hipotecar nuestros corazones
hasta dejarlos arruinados.
El miedo tiene dos direcciones,
la que va desde mis dedos
hacia tu almohada
y la que viene decidida a cortármelos.
Y aquí sólo hay espacio para un cuerpo.
Como no te pongas encima no sé cómo vamos
a caber.