sábado, 26 de julio de 2014

Te juro que esto es verdad y tú mentira.


Me he quemado la mano
con un cigarro
y la costra que me ha salido
tiene forma de corazón.

No es broma, pero hasta la piel se ríe de mí.

Préstame las escamas un rato,
ésas que te salieron
de tanto tocarnos en el naufragio
como si la catástrofe fuera casa
y la calma auténtica tragedia.

Resulta precioso
ver que de entre las ruinas
salen cosas horribles
y aún así decidimos
hipotecar nuestros corazones
hasta dejarlos arruinados.

El miedo tiene dos direcciones,
la que va desde mis dedos
hacia tu almohada
y la que viene decidida a cortármelos.
Y aquí sólo hay espacio para un cuerpo.

Como no te pongas encima no sé cómo vamos a caber.


martes, 22 de julio de 2014

Algunas cosas acaban así cuando se acaban

Hubo una emergencia
de sonrisas en la ciudad,
se congelaron los portales
y las estaciones se colapsaron.

Santiago ha perdido
todo lo bueno que le quedaba,
porque ya no estás.

El cartero aún trae facturas a tu nombre,
las envuelvo en papel celofán
y le doy postales
para que nunca te encuentre.
Descubrimos que hay ausencias
que queman más que las mentiras
y que cien que te jodan
pueden doler menos que un sólo quizás

Escaleras podridas
al tejado por el que
nunca debimos terminar,
accidentes que dejaron
incidencias en el salón
y partes en la cocina.

Hubo noches de luto entre los vecinos
que se contagiaron
de la toxicidad de mi dióxido
en el ascensor,
días de ventanas abiertas
y puertas cerradas,
reflexiones ahogadas en hielo
y cervezas sin espuma.

La amenaza de una tormenta,
la ciudad que se lamenta,
los animales aullando
y las flores creciendo
fuera del tiesto,
la locura de una caída libre
sin libertad para frenar,
la experiencia consumada
y el amor consumido.

Hubo una casa que se quedó en ruinas,
un altar en la cama,
una sinrazón en el sofá
y una derrota en cada esquina.

El deseo de la desmemoria,
la cruz sobre los hombros
y un reserva sin descorchar.

Un final sin puntos
aparte;

de mi coma emocional.

domingo, 20 de julio de 2014

Si habláis del amor

Si habláis del amor
tendréis que hacerlo
pensando en ella,
que abarca todo
cada vez que desembarca
en mi cama
y decide quedarse
a dormir un rato
y dejarme a mí despierta
toda una eternidad
mirando su espalda.
Si os atrevéis a hablar de amor
será sólo poniéndole
su voz a todos los despertadores
y subiéndole el volumen
a los acordes de sus pies fríos
entre las sábanas;
bañándoos en el río
que sale de su boca
cada vez que su risa
deshiela la escarcha
de todos los que un día
estuvieron tristes
y se arranca
a bailar desnuda
como si nadie
estuviera mirándola
pero todos hiciesen cola para verla.
La ciudad cortando su tráfico
y las farolas
señalando las grietas del asfalto
que ella provocó
con alguno de los disparos
que lanza la artillería
de sus dientes blancos
cada vez que se muerde el labio
y te invita a soñar
que hay momentos
que valen la pena
porque ella las quita todas.
Si creéis en el amor
será que ya os habéis cruzado
con sus caderas
y habréis visto cómo su pelo
corta el aire
y él le suplica que no pare,
que ojalá todas las heridas
llevaran el sello
de sus arañazos
y las calles se rotulasen
con el color
de su barra de labios.
Si habláis del amor
ya sabréis
cómo se estremece
cuando tiene una pesadilla
y la cara que pone
cuando le entra el hambre
pero no le apetece hacer de comer,
la perfección
de sus mejillas al sonrojarse
y el mapa de sus continentes
haciéndole competencia
a cualquier atlas.
El olor de su piel
en la primavera
y las curvas
de su ombligo
en medio de la carretera
que sube al cielo
de su boca
y termina con ella
susurrándote un buenas noches
y tú sintiendo
que ya te puedes morir tranquila
si es haciéndolo a su lado.
No me creo que alguien
pueda hablar de amor
si no ha oído cómo ella
pronuncia esa palabra,
si no la ha visto a
oscuras en la habitación
iluminándolo todo
con el milagro de su existencia
o ha sentido sus yemas
correteando por las piernas
y ha entendido entonces
que era para eso para lo que servían
desde un principio,
y no para caminar.
Poesía puede que sea otra,
pero el amor es ella.

sábado, 19 de julio de 2014

Llueve.

En los lugares
desconocidos
donde no soy
nadie,
nadie
puede saber
que mi nombre
no es Penélope,
ni que mi color
favorito es
el violeta,
ni que odio
el limón.

Dispárame rápido
que llevo tiempo
muriendo lento.

Puede ser
que un día
nos crucemos
y te sonría.

Labios cereza,
corazón carbón.

Si no sabes
lo que es fingir
es que nunca
se te ha partido
el pecho de dolor
la camisa de rabia
y la cara de vergüenza.

Llórame fuerte
que todo el mundo
sepa lo que es
ver avecinarse
una tormenta de piedras.