Una hora cálida
el sueño de los que viven
y la muerte de quienes sueñan
una brisa familiar
en un aire enrarecido
un yo que se apuñala
y un tú que resucita.
¿Cuántas veces falleceré
mientras siga respirando?
Echaba de menos escribir
para desordenarme
buscarte en los cajones
y acabar encontrando
el mismo maldito reloj.
Una cruz gris
un cementerio violeta
y montañas de flores vivas
para gente muerta.
Son las ocho menos diez
y calculo otros seiscientos segundos banales
hasta convertir la circunstancia en causa
la causa en acción
la acción en conmoción
y el daño…
El daño siempre en miedo.