lunes, 9 de junio de 2014

Last dance

Me sabe la boca a sangre y es que noto mi corazón atravesado entre pecho y esófago. Ni sube ni baja y con cada carraspeo bombea tu nombre. Ábreme por favor las costuras y deshaz los puntos de sutura, bucea con tus manos entre mis venas y nervios hasta que lo encuentres y te palpite en tu palma manchándote de la sangre que en realidad es tu sangre, vibrándote en el compás que marcan tus cuerdas vocales cuando pronuncias el nombre que tú me pusiste y, cuando lo tengas, agárralo fuerte y arráncamelo de cuajo porque duele y me cuesta respirar y si no respiro me ahogo y entonces muero y aún no sé por qué pero intuyo que quiero seguir viviendo un rato más, pero sin corazón, que ya no lo necesito en el Apocalipsis de tus brazos rodeando mis caderas: estoy preparada para el último baile.  

Ahora cóseme y repásame cuantas veces sea necesario para que quede todo bien cerrado que una cosa es morir en tus manos y otra es hacerlo sin el debido cuidado. Lámeme las cicatrices y vuélame la cabeza en mil colores, salpícalo todo con tu risa y manchemos las paredes tú de rojo y yo de negro, tú soldado francés y yo mujer de clausura para espanto de Stendhal.

Entonces caemos exhaustos al suelo y tú me pones las manos en mi vientre y yo, con miedo, te pregunto si lo sientes: es la patada que da la soledad a tus entrañas tras rebasarte las arterias y pudrirte la sangre. Y así te enseño el mapa de mi barriga salpicado por los seromas de líquido negro que afloran donde antes había cuchillas e incisiones quirúrgicas practicadas con la imprecisión del que está ansioso por reventarte la vida desde dentro. Muevo tus manos despacio para que no pierdas detalle y así no puedas decir que no te di todas las explicaciones que necesitábamos para cerrar esto de una vez por todas mientras tú vas dejando el rastro de tus huellas dactilares en mis piernas. Eso será lo último que me lleve de ti, pues todo lo mío lo tienes tú.

Y ahora levántanos y muéveme los hilos y llévame por fin a bailar a algún sitio donde pueda decir qué dulce fue matarme aquí contigo y no olvides mandar grabar en nuestro epitafio el número de gotas que cayeron en la tormenta que se nos desató la noche en que nos conocimos y en la que en realidad ya comenzamos esta danza de muertos a la que hora le restamos los segundos y le sumamos los labios (Los míos aún saben al hierro y óxido de tu sangre).


Ciérrame los ojos y enloquece conmigo. No sé si lo oyes. Es nuestra canción sonando al fondo y los crujidos de los huesos que se desmoronan. Ha llegado. Está aquí. Cierra tus ojos y enloquéceme contigo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario