sábado, 31 de mayo de 2014

Nada significa nada

Somos en un seísmo de golpes.

Ojalá alguno hubiese sido de suerte.

Tus ojos se asoman a mis cicatrices
y ellas ya no los reconocen.

Te fumo en círculos concéntricos
y te pienso en cenizas. 

Te volatilizas.

Busco tu toma de tierra
entre tu garganta y mi espalda.

Pero te vas,
como se van mis ojos tras tus pasos.

No quedan lágrimas,
se han ahogado a sí mismas.

Muertas todas, muerta la rabia.

Nos llueve a cántaros y ya no notamos nada.

Ni la tormenta ni la calma.

Nada.

Me miras.
Frágil.
Etéreo.

Esperas que te entienda,
pero ya no sabemos leernos.







martes, 27 de mayo de 2014

Quédate

A veces pienso si no será éste el cielo
y ya de serlo, tengo miedo hasta de no merecerlo
aunque te confieso que el dilema
de nuevo se me olvida
cada vez que tus labios acarician mi pelo
y tus pupilas radiografían mis senos,
tan ávidas de mí que hasta yo de mí misma me celo,
como si siempre vieras mi mejor versión
y casi me hicieras otra, diferente,
pero yo en esencia, pero tú conmigo,
formándonos un ángulo recto cuasi perfecto
contra el cabecero torcido de mi cama.
Que se me desgarra el alma
si pienso en la posibilidad de que algún día te me vayas,
por eso te pido que nunca te acabes
si no es para acabar conmigo bajo las sábanas
y que me muerdas a besos,
y me comas a versos,
haciéndome el amor con la mirada
y soñándonos despiertos en cada madrugada,
que ya dormiremos cuando estemos muertos
y ahora no podríamos estar más vivos.
Nos besamos sin pausas y a veces con prisas porque sabemos
que nunca nada nos había sabido tan bien,
y eso que dicen que lo bueno si breve dos veces bueno
es porque no han probado tus labios
o también habrían deseado hacer eterno ese momento.
No sé si lo sabes, pero yo lo supe en cuanto te vi,
porque olías como huelen los amores que son para toda la vida.
Así que sólo tienes que seguir quedándote,
te he hecho sitio entre mis costillas
y mi vientre se ha amoldado ya a la forma
de tu corazón sobre mi ombligo.

Simplemente, síguete quedando.



miércoles, 7 de mayo de 2014

Ser o no ser

Se sube al tren con las prisas golpeándole las sienes y las ganas apretándole los sueños. Fuerte, muy fuerte.
Toma asiento y piensa en cómo sólo un instante puede cambiarlo todo…Le resulta tan bello y tan triste a la vez…
Vivimos rodeados de estímulos que durante años pueden pasar desapercibidos entre la rutina, los cafés humeantes y los libros de las mesillas de noche hasta que, un día, nos saltan al cuello, nos muerden las emociones y nos remueven por dentro. Un seísmo de 6,9 en la escala de Richter con vocación de renovación vital. El inicio de algo nuevo y el final de casi todo lo conocido. Eso que tanto acojona y que a la vez nos colma de ilusión, como si fuéramos niños esperando a que mamá nos arrope y nos cuente su cuento. El cuento de nuestras vidas, el que nos marca, el que siempre nos acompaña, el que sabe a infancia e inocencia, a la variación dentro de la repetición (un suspiro, un énfasis tonal concreto en un momento indeterminado, una pausa inesperada de nuestra madre y el cuento parece cobrar vida, expectantes esperamos a que reaparezca el patrón que tan bien conocemos, mientras disfrutamos de la incertidumbre de la trama con una ilusión tan refinada que casi se confunde con el miedo).

Con cada curva del tren sus ojos se llenan de lágrimas. Reconoce el patrón de su vida y lo cierto es que ayer, al sostener su propia foto, el estímulo adormecido durante tantos años, algo retumbó en sus entrañas y le proporcionó también la variación necesaria. ¿Pero tiene el coraje suficiente para enfrentarla? Se siente poderosa como nunca antes y, a la vez, no podría estar más aterrorizada.
Ya no es la chica de esa foto. Lo es, pero no lo es. Mientras mira el paisaje que va dejando atrás, todo eso que ha decidido que ya no se viene con ella, que se queda en el pasado, se dice a sí misma que quiere darle la bienvenida al cambio, pero sin perder el esquema que ha sostenido todo lo que la hace única. Tiene miedo de naufragar en el intento, de confundir papeles, de perderse a sí misma en una nueva vida y de repente ya no ser más ella, sino otra, quizás otra que incluso le guste más. ¿Puede ser eso posible? ¿Dónde está el límite entre aceptar la variación y cargarse tu patrón? ¿Qué será de ella si deja de ser ella? ¿Dónde estarán aquellos a quienes quiere, qué lugar tendrán en este nuevo comienzo?

Cómo un instante puede cambiarlo todo…Esa foto en su escritorio, dibujando el mismo ángulo desde hace años, temblando de repente en sus manos, parando sus lágrimas y reflejando su sonrisa, mostrándole que la hora había llegado. Le resulta tan bello y tan triste a la vez…

Cierra los ojos. El pecho va a salírsele por la boca. Intenta controlarse en respiraciones cortas mientras se concentra en el ruido y el balanceo del tren porque, si hay algo que sabe seguro, es que no se va a permitir a sí misma bajarse.

sábado, 22 de marzo de 2014

Galicia

Teño un recordo pendendo dos beizos con recendo ao mar de Fisterra e á choiva da Zona Vella.
Teño cancións enredadas no cabelo nas que unha gaita me fai cóxegas no pescozo e me baixa en compaña dun tamborileiro polo lombo, escorregándose ata chegar ao chan e bicar a terra, os fieitos, os toxos, susurrando doces melodías que pasan zoando entre castiñeiros centenarios testemuñas das idades dos bardos ás que xa outros cantaron.
E como non ían cantar! Como non falar das fontes e dos regatos pequenos que atravesan os nosos campos e salpican os nosos espíritos, dando de beber ás almas que son quen de ver beleza no mar enoxado e arte na choiva!
Non atoparei eu galego nesta vida que non sorría con ollos cheos de bágoas ao falar do noso país, ao cantar miudiño temas que lembran a viño e amigos, a castros e luares, a catedrais e palilleiras, a lendas e montes, a queimada e a paradiso.
Tampouco importará canto tempo estea eu lonxe que sempre levarei as cores verdes da terriña colgadas do colo e os aromas da cociña da avoa enguellados nos peitos.
A imaxe do lobo do Courel e o chacarraschás do muíño aloumiñaranme nas noites de morriña e soidade e o medo fuxirá e levarase con el a negra sombra, pois non hai maior seguridade que a que da a certeza dun amor único e imperecedoiro. Un amor de sete letras que xuntas dan nome á beleza feita xente, feita mar, feita terra.  

Sempre Galicia, inesgotable, Galicia para sempre. 

martes, 11 de febrero de 2014

La inmensidad contenida.

Él nunca había visto el mar. Y eso que lo llevaba en sus ojos.
Le habían contado muchas veces, cuando permitía que lo fuesen a visitar algún familiar o amigo, previa llamada telefónica y concierto de día y hora, cómo era, a qué sabía, qué tacto tenían las algas y cómo se te queda pegada la arena en el cuerpo.
Incluso, en una ocasión, le habían regalado una caracola.
Sebastián se la puso en la oreja y simplemente le dijo: “Mira, así suena el mar”. Y esta frase, en principio tan inocente, al final tan sincera, se mezcló con el ruido que la caracola le soplaba bajito y le produjo un escalofrío que le recorrió la espalda y le llegó hasta el corazón, inundándole los ojos de lágrimas. Algo tan grande como el mar, con el que había soñado tantas noches y en el que había aterrizado así tantas veces en paracaídas, o sobre el que había cabalgado algún que otro atardecer a lomos de un caballo, en el que se había perdido buceando y admirando la belleza de sus peces, donde sus uñas rasgaban la finura de la arena y sus pulmones se bebían el salitre de sus aguas, en el que había hecho el amor con las sirenas y donde había encontrado mil tesoros escondidos en galeones que ya nadie recuerda...de repente se lo traían encerrado en una concha.

Y él no sabía si alegrarse o no dejar de llorar para el resto de su vida. 


lunes, 10 de febrero de 2014

Eres la prenda que mejor me sienta

Hoy me he levantado sin saber qué ponerme y he pensado en vestirme del color de tus ojos y del sabor de tus labios. Pero abrí el armario y sólo había polvo con olor a vacío y el rastro de tus huellas dactilares en mis piernas. Y eso ya no me queda bien. Me viene grande.

Así que cogí tus fotos y me las até al cuello, que aquí el invierno es duro y mi garganta frágil de tanto gritarte en cada silencio.

Y me calcé con las frases que me escribías por las mañanas, a ver si así dejaban de dolerme un poco los pies, que tengo los pobres machacados de tanto paseo deambulando en dirección a tu número de móvil.

Metí en el bolso la cartera y también las tarjetas de todos los hoteles en los que dormí sobre tu pecho, no vaya a ser que me pierda y olvide dónde vivo. O dónde muero.

Después me pinté la ralla del ojo con la tinta de todos y cada uno de tus abrazos y los labios con tus caricias en el sofá, café, cigarro y peli de por medio.

Y entonces pensé que ya estaba lista y salí a la calle, pero me crucé con muchos ojos (y ninguno te pertenecía) que me miraban en silencio pero dolorosamente compasivos, y me di cuenta de que estaba fuera de lugar porque el único lugar en el que esas ropas cobran todo su sentido es en el centro de tu espalda.





sábado, 8 de febrero de 2014

A la persona más importante

Hoy me he despertado con náuseas en el corazón y un nudo en la garganta que tiene un te echo de menos atravesado. Un te echo de menos más grande que la belleza de tus manos, qué ya es decir.

Sé que a medida que avance el sol en este día nublado el nudo se irá deshaciendo, de la misma manera que dicen que todo lo triste se limpia con un poco de lluvia. Y también sé que a ti te gustaría que fuera así.
Por eso me comprenderás si te confieso que ya no te pienso a diario ni te lloro todos las noches y todos los amaneceres. La hostia fue tan fuerte que no me quedó más remedio que aprender que hay cosas que se quedan atrás, para siempre, pero que nunca se alejan de nuestro camino. Y cuando digo nunca, es nunca.

Pero joder, cómo explicarte que hoy vendería el cielo y el mar por entrar en la cocina y escuchar tus buenos días mientras una taza de café se interpone entre tus ojos y los míos y todas las palabras sobran porque todo se lo dicen nuestras pupilas.

Hoy me he despertado, lo reconozco, con la necesidad imperiosa de uno de tus abrazos y del contacto de tu mejilla contra la mía antes de salir por la puerta e irme acompañada del eco de tu “todo irá bien” resonando en mis tímpanos.
Y no te enfades, pero tengo que admitirte que ya no recuerdo cómo sonaba tu risa y que ésa precisamente ha sido la pérdida más dolorosa que podía sufrir yo en esta vida.
De lo que jamás podría olvidarme es de lo que sentía cuando se te escapaba a raudales por la boca, cómo parabas entonces el mundo para llenarlo de tu melodía y hacer de él un lugar un poquito más bonito. Y por eso a veces, cuando veo tanta fealdad en medio de tanta gente y tanto ruido, me pregunto cómo es posible que nadie vaya a reclamarte que lo que aquí abajo se necesita es una gran dosis de tus carcajadas.

Eres tan irreemplazable que a veces se me corta la respiración y me asaltan mil miedos, a los que sé que consolarías susurrándoles que nadie es insustituible a no ser que te pierdas a ti mismo. Pero he de decirte que, como todos, tú a veces también te equivocas.

En lo que nunca te faltó razón fue en llenarme de esperanza ante la vida, ante los sueños, y por eso en cada paso que doy por este tortuoso camino que llaman existencia lo único que realmente espero es sentir tu orgullo trepándome por las costillas y animándome el corazón. “Adelante, siempre hacia adelante”.
Pues verás, es que mi meta eres tú. Y ya que estamos, he de confesarte que eso me acojona sobremanera porque has dejado el listón tan alto que me siento muy pequeña a tu lado. Y lo más bello de ese hecho es que lo has conseguido sin proponértelo, como precisamente suceden las cosas más auténticas de este mundo tan loco.

Ya podrías haberme dejado un poquito más de ti, del color de tus ojos, del tono de tus lunares, de la potencia de tus silencios, del sabor de tu cocina, de la amplitud de tu sonrisa (joder, ¡qué sonrisa!), de la sinceridad de tus consejos. En fin, supongo que si no lo hiciste fue porque en el fondo sabías que tengo que aprender a ser yo sin ti, pero siempre contigo.

Ahora ya tengo que dejarte, que se me hace tarde para no pensar si quizás en otro lugar, en otra vida…






[Nota: Como esto va de confesiones, me declaro culpable de que haya sido ésta la única entrada con la que he llorado –y a mares- mientras escribía. No en vano, la escribí pensando (aunque no se capaz de escribir todo lo que pienso) en la persona más importante que ha pasado por mi vida: mi madre. De paso, quiero aprovecharla como recordatorio de todos aquellos que me (y nos han) dejado una ausencia tan grande que sólo intentar expresarla de cualquier modo es un acto irremediablemente abocado desde el inicio al fracaso]

[Nota 2: Éste ha sido el primer poema que he grabado y que podréis encontrar en soundcloud (https://soundcloud.com/lauracamino/a-la-persona-m-s-importante). ¡Buenos días a todos!]