Se sube al tren con las prisas golpeándole las sienes y las
ganas apretándole los sueños. Fuerte, muy fuerte.
Toma asiento y piensa en cómo sólo un instante puede
cambiarlo todo…Le resulta tan bello y tan triste a la vez…
Vivimos rodeados de estímulos que durante años pueden pasar
desapercibidos entre la rutina, los cafés humeantes y los libros de las mesillas de noche hasta que, un día, nos saltan al cuello, nos muerden las emociones y
nos remueven por dentro. Un seísmo de 6,9 en la escala de Richter con vocación
de renovación vital. El inicio de algo nuevo y el final de casi todo lo
conocido. Eso que tanto acojona y que a la vez nos colma de ilusión, como si
fuéramos niños esperando a que mamá nos arrope y nos cuente su cuento. El
cuento de nuestras vidas, el que nos marca, el que siempre nos acompaña, el que
sabe a infancia e inocencia, a la variación dentro de la repetición (un
suspiro, un énfasis tonal concreto en un momento indeterminado, una pausa
inesperada de nuestra madre y el cuento parece cobrar vida, expectantes
esperamos a que reaparezca el patrón que tan bien conocemos, mientras
disfrutamos de la incertidumbre de la trama con una ilusión tan refinada que
casi se confunde con el miedo).
Con cada curva del tren sus ojos se llenan de lágrimas.
Reconoce el patrón de su vida y lo cierto es que ayer, al sostener su propia
foto, el estímulo adormecido durante tantos años, algo retumbó en sus entrañas
y le proporcionó también la variación necesaria. ¿Pero tiene el coraje suficiente para enfrentarla? Se siente poderosa como nunca antes y, a la vez, no
podría estar más aterrorizada.
Ya no es la chica de esa foto. Lo es, pero no lo es. Mientras
mira el paisaje que va dejando atrás, todo eso que ha decidido que ya no se
viene con ella, que se queda en el pasado, se dice a sí misma que quiere darle
la bienvenida al cambio, pero sin perder el esquema que ha sostenido todo lo
que la hace única. Tiene miedo de naufragar en el intento, de confundir
papeles, de perderse a sí misma en una nueva vida y de repente ya no ser más
ella, sino otra, quizás otra que incluso le guste más. ¿Puede ser eso posible?
¿Dónde está el límite entre aceptar la variación y cargarse tu patrón? ¿Qué
será de ella si deja de ser ella? ¿Dónde estarán aquellos a quienes quiere, qué
lugar tendrán en este nuevo comienzo?
Cómo un instante puede cambiarlo todo…Esa foto en su
escritorio, dibujando el mismo ángulo desde hace años, temblando de repente en
sus manos, parando sus lágrimas y reflejando su sonrisa, mostrándole que la
hora había llegado. Le resulta tan bello y tan triste a la vez…
Cierra los ojos. El pecho va a salírsele por la boca. Intenta
controlarse en respiraciones cortas mientras se concentra en el ruido y el
balanceo del tren porque, si hay algo que sabe seguro, es que no se va a
permitir a sí misma bajarse.
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