miércoles, 7 de mayo de 2014

Ser o no ser

Se sube al tren con las prisas golpeándole las sienes y las ganas apretándole los sueños. Fuerte, muy fuerte.
Toma asiento y piensa en cómo sólo un instante puede cambiarlo todo…Le resulta tan bello y tan triste a la vez…
Vivimos rodeados de estímulos que durante años pueden pasar desapercibidos entre la rutina, los cafés humeantes y los libros de las mesillas de noche hasta que, un día, nos saltan al cuello, nos muerden las emociones y nos remueven por dentro. Un seísmo de 6,9 en la escala de Richter con vocación de renovación vital. El inicio de algo nuevo y el final de casi todo lo conocido. Eso que tanto acojona y que a la vez nos colma de ilusión, como si fuéramos niños esperando a que mamá nos arrope y nos cuente su cuento. El cuento de nuestras vidas, el que nos marca, el que siempre nos acompaña, el que sabe a infancia e inocencia, a la variación dentro de la repetición (un suspiro, un énfasis tonal concreto en un momento indeterminado, una pausa inesperada de nuestra madre y el cuento parece cobrar vida, expectantes esperamos a que reaparezca el patrón que tan bien conocemos, mientras disfrutamos de la incertidumbre de la trama con una ilusión tan refinada que casi se confunde con el miedo).

Con cada curva del tren sus ojos se llenan de lágrimas. Reconoce el patrón de su vida y lo cierto es que ayer, al sostener su propia foto, el estímulo adormecido durante tantos años, algo retumbó en sus entrañas y le proporcionó también la variación necesaria. ¿Pero tiene el coraje suficiente para enfrentarla? Se siente poderosa como nunca antes y, a la vez, no podría estar más aterrorizada.
Ya no es la chica de esa foto. Lo es, pero no lo es. Mientras mira el paisaje que va dejando atrás, todo eso que ha decidido que ya no se viene con ella, que se queda en el pasado, se dice a sí misma que quiere darle la bienvenida al cambio, pero sin perder el esquema que ha sostenido todo lo que la hace única. Tiene miedo de naufragar en el intento, de confundir papeles, de perderse a sí misma en una nueva vida y de repente ya no ser más ella, sino otra, quizás otra que incluso le guste más. ¿Puede ser eso posible? ¿Dónde está el límite entre aceptar la variación y cargarse tu patrón? ¿Qué será de ella si deja de ser ella? ¿Dónde estarán aquellos a quienes quiere, qué lugar tendrán en este nuevo comienzo?

Cómo un instante puede cambiarlo todo…Esa foto en su escritorio, dibujando el mismo ángulo desde hace años, temblando de repente en sus manos, parando sus lágrimas y reflejando su sonrisa, mostrándole que la hora había llegado. Le resulta tan bello y tan triste a la vez…

Cierra los ojos. El pecho va a salírsele por la boca. Intenta controlarse en respiraciones cortas mientras se concentra en el ruido y el balanceo del tren porque, si hay algo que sabe seguro, es que no se va a permitir a sí misma bajarse.

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