Somos en un seísmo de golpes.
Ojalá alguno hubiese sido de suerte.
Tus ojos se asoman a mis cicatrices
y ellas ya no los reconocen.
Te fumo en círculos concéntricos
y te pienso en cenizas.
Te volatilizas.
Busco tu toma de tierra
entre tu garganta y mi espalda.
Pero te vas,
como se van mis ojos tras tus pasos.
No quedan lágrimas,
se han ahogado a sí mismas.
Muertas todas, muerta la rabia.
Nos llueve a cántaros y ya no notamos nada.
Ni la tormenta ni la calma.
Nada.
Me miras.
Frágil.
Etéreo.
Frágil.
Etéreo.
Esperas que te entienda,
pero ya no sabemos leernos.
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