A veces pienso si no será éste el cielo
y ya de serlo, tengo miedo hasta de no merecerlo
aunque te confieso que el dilema
de nuevo se me olvida
cada vez que tus labios acarician mi pelo
y tus pupilas radiografían mis senos,
tan ávidas de mí que hasta yo de mí misma me celo,
como si siempre vieras mi mejor versión
y casi me hicieras otra, diferente,
pero yo en esencia, pero tú conmigo,
formándonos un ángulo recto cuasi perfecto
contra el cabecero torcido de mi cama.
Que se me desgarra el alma
si pienso en la posibilidad de que algún día te me vayas,
por eso te pido que nunca te acabes
si no es para acabar conmigo bajo las sábanas
y que me muerdas a besos,
y me comas a versos,
haciéndome el amor con la mirada
y soñándonos despiertos en cada madrugada,
que ya dormiremos cuando estemos muertos
y ahora no podríamos estar más vivos.
Nos besamos sin pausas y a veces con prisas porque sabemos
que nunca nada nos había sabido tan bien,
y eso que dicen que lo bueno si breve dos veces bueno
es porque no han probado tus labios
o también habrían deseado hacer eterno ese momento.
No sé si lo sabes, pero yo lo supe en cuanto te vi,
porque olías como huelen los amores que son para toda la vida.
Así que sólo tienes que seguir quedándote,
te he hecho sitio entre mis costillas
y mi vientre se ha amoldado ya a la forma
de tu corazón sobre mi ombligo.
Simplemente, síguete quedando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario