domingo, 25 de enero de 2015

Reformada.

Yo no podía advertir la tragedia
de la humanidad corrompida,
el blanco roto,
los disparos a ciegas,
las noches bailándole a la botella.

Habría sido como aceptar la derrota
antes de empezar siquiera la partida.

Tampoco entendí nunca
por qué se me reñía
por romperme las medias.
Pero dejé de jugar.
Perpleja.
Por mucho tiempo.

La mujer que soy ahora
se rasga la camisa ante el espejo
y olvida desmaquillarse.
A veces también llora cuando duda
si ha querido gustar a los demás
o más a ella.
Porque se contradice más de lo que piensa
y equivocándose aprende a proclamarse histérica,
diferente,
acomplejada,
pero ya no más observadora.

La inocencia se ahogó a sí misma
el día en que los niños empezaron
a juzgarse con palabras de adultos.
Y qué absurdo, pero ahora que soy mayor
busco definirme con sus maneras.
Se respira tanta tensión
cada vez que se pronuncia fracaso
que alguien debería empezar a asesinar palabras.

He vuelto a abrir heridas
por miedo a olvidar cómo se curan.

Al primero que dispare, prometo sangrarle para siempre.

lunes, 19 de enero de 2015

Todo hace crac.

Desorientarse.
Romperse en mil trozos.
Unir los fragmentos.
Y que no encajen.
El mayor sinsentido
siempre fue buscarle uno.
Sólo somos mientras estamos.
A veces ni eso.

Pero seguimos,
y es fascinante la vorágine.

Hay un lienzo donde miles
de manos quieren expresarse,
llenándolo todo de ruido
para que nadie se atreva
a recoger los escombros.
Porque ésos también son nuestros.

Tantos disparos silenciosos
que la libertad está en entredicho.
Tanta lluvia y tanto sol
que es imposible que no duela.

Y como siempre, quienes nos enseñaron
que nunca es demasiado tarde
son los que más miran el reloj.

martes, 30 de diciembre de 2014

Diciembre siempre será el mes de los propósitos.

Ha llegado el momento
me digo una y otra vez
algo así como para alargarlo,
debe de ser,
sabedora de que el instante
en el que de verdad llegue
significará que tú te habrás ido.

Y yo me quedaré
(para darte la espalda).

Ha llegado el momento
retumba con rabia en mis sienes
se me escapa del pecho ardiendo
y me desabriga las costillas
-como cuando aprendí que aquí hemos venido
a volar y eso sólo se hace desde el suelo-
Y nunca llega
(de momento)

Un huracán de premisas
en el lugar donde antes
dormían las promesas
ha arrasado todo el vergel
que una vez creciera
despertado a la fiera
y acunado a la niña
interior o exterior,
no lo sé ni me importa,
pero con cara de poema
y poemas sin rostro,
pero con voz de ultratumba
y cementerios en los que ni las flores
se atreven a hablar
rodeando todos los álbumes de fotos
donde las bocas otrora sonrientes
ahora parecen señalar
el punto inacabado
los ojos apagados
a la luz de las dudas
el segundo preciso
en el que saber
cuándo ha llegado el momento.


Como si alguien fuera a entenderlo.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Uno por casi cuatro.

Una hora cálida
el sueño de los que viven
y la muerte de quienes sueñan
una brisa familiar
en un aire enrarecido
un yo que se apuñala
y un tú que resucita.

¿Cuántas veces falleceré
mientras siga respirando?

Echaba de menos escribir
para desordenarme
buscarte en los cajones
y acabar encontrando
el mismo maldito reloj.

Una cruz gris
un cementerio violeta
y montañas de flores vivas
para gente muerta.

Son las ocho menos diez
y calculo otros seiscientos segundos banales
hasta convertir la circunstancia en causa
la causa en acción
la acción en conmoción
y el daño…


El daño siempre en miedo.

sábado, 26 de julio de 2014

Te juro que esto es verdad y tú mentira.


Me he quemado la mano
con un cigarro
y la costra que me ha salido
tiene forma de corazón.

No es broma, pero hasta la piel se ríe de mí.

Préstame las escamas un rato,
ésas que te salieron
de tanto tocarnos en el naufragio
como si la catástrofe fuera casa
y la calma auténtica tragedia.

Resulta precioso
ver que de entre las ruinas
salen cosas horribles
y aún así decidimos
hipotecar nuestros corazones
hasta dejarlos arruinados.

El miedo tiene dos direcciones,
la que va desde mis dedos
hacia tu almohada
y la que viene decidida a cortármelos.
Y aquí sólo hay espacio para un cuerpo.

Como no te pongas encima no sé cómo vamos a caber.


martes, 22 de julio de 2014

Algunas cosas acaban así cuando se acaban

Hubo una emergencia
de sonrisas en la ciudad,
se congelaron los portales
y las estaciones se colapsaron.

Santiago ha perdido
todo lo bueno que le quedaba,
porque ya no estás.

El cartero aún trae facturas a tu nombre,
las envuelvo en papel celofán
y le doy postales
para que nunca te encuentre.
Descubrimos que hay ausencias
que queman más que las mentiras
y que cien que te jodan
pueden doler menos que un sólo quizás

Escaleras podridas
al tejado por el que
nunca debimos terminar,
accidentes que dejaron
incidencias en el salón
y partes en la cocina.

Hubo noches de luto entre los vecinos
que se contagiaron
de la toxicidad de mi dióxido
en el ascensor,
días de ventanas abiertas
y puertas cerradas,
reflexiones ahogadas en hielo
y cervezas sin espuma.

La amenaza de una tormenta,
la ciudad que se lamenta,
los animales aullando
y las flores creciendo
fuera del tiesto,
la locura de una caída libre
sin libertad para frenar,
la experiencia consumada
y el amor consumido.

Hubo una casa que se quedó en ruinas,
un altar en la cama,
una sinrazón en el sofá
y una derrota en cada esquina.

El deseo de la desmemoria,
la cruz sobre los hombros
y un reserva sin descorchar.

Un final sin puntos
aparte;

de mi coma emocional.

domingo, 20 de julio de 2014

Si habláis del amor

Si habláis del amor
tendréis que hacerlo
pensando en ella,
que abarca todo
cada vez que desembarca
en mi cama
y decide quedarse
a dormir un rato
y dejarme a mí despierta
toda una eternidad
mirando su espalda.
Si os atrevéis a hablar de amor
será sólo poniéndole
su voz a todos los despertadores
y subiéndole el volumen
a los acordes de sus pies fríos
entre las sábanas;
bañándoos en el río
que sale de su boca
cada vez que su risa
deshiela la escarcha
de todos los que un día
estuvieron tristes
y se arranca
a bailar desnuda
como si nadie
estuviera mirándola
pero todos hiciesen cola para verla.
La ciudad cortando su tráfico
y las farolas
señalando las grietas del asfalto
que ella provocó
con alguno de los disparos
que lanza la artillería
de sus dientes blancos
cada vez que se muerde el labio
y te invita a soñar
que hay momentos
que valen la pena
porque ella las quita todas.
Si creéis en el amor
será que ya os habéis cruzado
con sus caderas
y habréis visto cómo su pelo
corta el aire
y él le suplica que no pare,
que ojalá todas las heridas
llevaran el sello
de sus arañazos
y las calles se rotulasen
con el color
de su barra de labios.
Si habláis del amor
ya sabréis
cómo se estremece
cuando tiene una pesadilla
y la cara que pone
cuando le entra el hambre
pero no le apetece hacer de comer,
la perfección
de sus mejillas al sonrojarse
y el mapa de sus continentes
haciéndole competencia
a cualquier atlas.
El olor de su piel
en la primavera
y las curvas
de su ombligo
en medio de la carretera
que sube al cielo
de su boca
y termina con ella
susurrándote un buenas noches
y tú sintiendo
que ya te puedes morir tranquila
si es haciéndolo a su lado.
No me creo que alguien
pueda hablar de amor
si no ha oído cómo ella
pronuncia esa palabra,
si no la ha visto a
oscuras en la habitación
iluminándolo todo
con el milagro de su existencia
o ha sentido sus yemas
correteando por las piernas
y ha entendido entonces
que era para eso para lo que servían
desde un principio,
y no para caminar.
Poesía puede que sea otra,
pero el amor es ella.