Por las
persianas entreabiertas se colaban unos tímidos rayos de sol, sabedores de que
interrumpían uno de los llantos más tristes que jamás habían tenido que
acariciar. ¿Pero qué podían hacer? Tenían que entrar. Así que sin hacer mucho
ruido se metieron en la casa y rebotaron en el espejo del fondo de la
habitación para luego dirigirse, compasivos, al respaldo del sillón que estaba
en el centro de la sala. Del reposabrazos colgaba una mano arrugada y de la
mano un cigarro que a punto estaba de consumirse por completo. El cristal de un
whisky on the rocks sobre el regazo
de Manuela dibujaba la mirada difusa (y confusa) de aquella que un día tuvo
padres y un día deseó tener hijos. Pero la vida se le había pasado y joder, ahí
estaba ella, sin saber ni cómo ni por qué se había traicionado a sí misma durante
tanto tiempo.
¿Por qué los lamentos llegan siempre a deshora? ¿Por qué la
inminencia de su propia muerte le hace darse cuenta (ahora) de que no había estado
jugando sino a medias todos estos años? Como si se hubiese estado conformando con participar en esto que llaman vida hasta que le ha llegado el momento de palpar en sus carnes el dolor que produce saber que ya no hay más tiempo, que ha
llegado a la meta, y así todos los lamentos que acalló en el fondo de su ser durante los días que estuvo por este mundo, y de los que nunca había sido tan consciente como hasta ahora, salen a la luz en espumarajos desordenados: se duele de no haber arriesgado más, de no haber vivido más,
de no haberse equivocado más, de no haber amado más. Bueno y ahora ya qué coño importa.
El cigarro desfallece en círculos concéntricos - La ceniza del suelo se convierte en un desagradable presagio de su final – El sol se retira en acto de íntimo reconocimiento.
Laura C.Plaza
El cigarro desfallece en círculos concéntricos - La ceniza del suelo se convierte en un desagradable presagio de su final – El sol se retira en acto de íntimo reconocimiento.
Laura C.Plaza
Los recuerdos remotos de una vida pasada junto con la inminencia de la muerte y de ese sentimiento desolador, crean un ambiente intenso que finaliza en el simbolismo de principio-fin y luz-oscuridad. me ha gustado mucho! ;)
ResponderEliminarY a mí que te hayas molestado en comentarlo (tan acertadamente).
EliminarEspero que te haya gustado la referencia a Sabina, inevitablemente pensé en ti (y en mi amigo Adri también, otro sabinero por excelencia). ¡Un beso!